


Chegou o momento máis importante da tempada. E a un dálle algo de medo o que pode facer o moreniño cando está motivado e a tempada vive os seus primeiros partidos (a pesar da súa desastrosa actuación en San Siro).
Aínda que o partido de hoxe voltará buscar o morbo do Ibra vs. Eto'o, a importancia é tal, que xa non quedan moitas gañas de caralladas desas. Calquera dos seareiros de ambos equipos firmaría que o seu ex metese un hat-trick e o seu novo dianteiro fixese un partido de merda, se iso serve para gañar (a min poñédeme o contrado diante e non o penso...).
O conto é que un equipo de Mourinho que sae a buscar o empate (como farán hoxe) dá medo, porque case sempre o consigue. Probablemente a base de patadas e xogo sucio, algo habitual nas prácticas do portugués, pero que se escuda na efectividade (sempre me deu noxo a excusa de xogamos como o cú, pero vamos primeiros). Mata o fútbol. Benítez está avalado polos resultados co Liverpool, pero eu son incapaz de ver un partido seu do tirón...
Pois iso, pillade unhas birras, unhas pataquiñas, e desfrutade co entretemento dos pobres (de cartos e de espírito), non todo vai ser gafapastismo na vida. Hoxe hai día grande...
Ashes of time redux, del chino Wong Kar-Wai, marcaba el inicio de mi Cineuropa particular, y lo hizo con un sabor un tanto agridulce.
Comencemos por el final, en una puntuación del 1 al 5, en el que se fuesen sucediendo los típicos "menudo bodrio - se deja ver - interesante - coño, esta es muy buena - menuda obra maestra", la última película del director de My blueberry nights, coquetearía entre el dos y el tres, más cerca del primero.
Y es que en los 15 años que la mayoría del metraje de Ashes of time redux se a pasado pochando en una estantería (que uno consulta internet para saber estas cosas), parece que hasta el propio Kar-Wai se ha desubicado, y se ha quedado a medio camino entre un prólogo de Fallen angels y un epílogo de la propia My blueberry nights.
Lo peor de la película discurre en su primera media hora, donde los personajes se definen de una forma un tanto caótica, bien porque el autor (también guionista) no consigue explicarnos lo que pretende, bien porque los chinos son todos iguales, y, para más inri, algún actor duplica personaje. Desde luego, no nos pusieron las cosas fáciles al público occidental.
Por el medio desfilan varios personajes que cuentan sus historias de tragedia y desamor al ya fallecido Leslie Cheung (espero que en este caso la red no me haya contado un bulo, y el tío la haya palmado de verdad), que interpreta a algo así como lo
El caso es que con el paso de las escenas, con incontables luchas de sables, mujeres bipolares y, démosle flores, imágenes de una belleza sobresaliente, Kar-Wai se consigue centrar y contarnos finalmente aquello que tenía planeado, de forma en que, amigos, hasta hemos conseguido entenderlo. Y nos ha hecho pasar el rato.
Llega la pregunta que todos esperábais... ¿se la recomendaríais a un amigo?. Pues, hijos míos, mejor nos vamos de cañas...
XOSÉ MANUEL PEREIRO 24/09/2009
"Ahora se puede decir que vivimos en un país libre, en el que se puede hablar gallego o castellano", sentenció hace unos días, como ejemplo de las bienaventuranzas de la victoria de Feijóo, el presidente de la Diputación y del PP de Pontevedra, Rafael Louzán. Lo dijo en el castillo de Soutomaior, en el acto de despedida del veraneante ilustre que los conservadores hacen ahora a Rajoy como hacían antes a Fraga, hasta que se quedó. A Louzán se le podrá discutir cualquier cosa, excepto que conoce de sobra en qué mundo vive, así que lo que dijo hay que atribuírselo a un exceso de esa pasión tan gallega, rayana en la idolatría, de satisfacer al veraneante. Porque Louzán sabe perfectamente que el derecho a elegir idioma se conquistó con la derogación del régimen franquista, no con la del gobierno bipartito. Y también que una cosa es tener el derecho y otra ejercerlo.
Los gallegohablantes son los realmente bilingües y cambian más de registro para evitar conflictos
Para aquellos que no tengan ese conocimiento, indiscutible y retráctil, que tiene Louzán, o no sean de aquí y puedan aprovechar que esto está en castellano, permítanme que les esboce un mapa. Monolingües en gallego en sentido estricto son ya únicamente, además de algunos bares de copas compostelanos, las pequeñas poblaciones rurales. Allí, un castellanoparlante se puede desenvolver perfectamente, como se demuestra cuando vienen los parientes emigrados. Quizás a las personas de más edad de esos territorios sociolingüísticos les cueste o les sea imposible cambiar de registro idiomático, pero no a los más jóvenes, pese a esos seres míticos -los pobres niños que sólo saben hablar gallego- en cuya existencia creen los gallegofóbicos compasivos. Monolingües en castellano son -en algunos casos incluso a su pesar- en los ámbitos urbanos, gran parte de las clases medias, la totalidad de las altas y la mayoría de los jóvenes de cualquier clase social. Irrumpir en gallego en algunos de esos ambientes va de lo impropio a lo extravagante y, en casos extremos, a lo temerario. Y desde luego, quien lo hace es porque es un paleto o es nacionalista. Por ignorancia o por provocar, vamos.
"¿Usted habla gallego porque quiere o porque se lo imponen?", le preguntó en fecha tan remota como el pasado lunes un taxista a un amigo mío, un artista muy conocido. Cuando el cliente le contestó que lo hacía voluntariamente, el chófer concluyó: "Entonces es galleguista". Usar el idioma propio de Galicia es ideológico. Usar el otro, no. Ser sorprendido hablándole por la calle en gallego a un niño pequeño suscita en algunos viandantes miradas tan reprobatorias como si, en lugar de emplear la lengua de sus ancestros, se le fuese azotando con una vara. En una actividad extraescolar he visto como un padre se dirigía a sus hijas cambiando de idioma según el volumen (en bajo en gallego, en alto en castellano). La situación es tan de libro que, como no podía ser de otra forma, afecta más a las mujeres.
Territorios bilingües, en los que predomina el gallego, pero hay un dominio funcional de ambas lenguas y a nadie extraña el registro idiomático del interlocutor ni saca conclusiones por el que tenga, son los demás. Y como la Amazonía, están en fase menguante. Cada vez más, sea en las ciudades o en las villas, en cualquier escala social, la lengua vehicular, la que se usa en el primer contacto con un desconocido, es el castellano. Si los dos interlocutores descubren que son gallegohablantes, se suelen pasar a su idioma, en algunos casos incluso con cierta complicidad. O no. Lo normal es que una dependienta atienda en español, por mucho que se la interpele en gallego y ella haya estado hablando con una compañera en la misma lengua. En una época en la que frecuenté hospitales, no dejaba de sorprenderme -relativamente- cómo la presencia de un único castellanohablante en una habitación de cuatro cambiaba el registro de los otros tres. Lo mismo pasaba, claro, ante la presencia del personal médico. En resumen, los gallegohablantes tienen más facilidad para cambiar de registro -son los realmente bilingües- y tienen que hacerlo mucho más para evitar situaciones de conflicto.
Pese a que seguramente constituya una sorpresa para aquellos que viven en un mundo impermeable al vernáculo, la mayoría de la población es gallegohablante, como aseguran las estadísticas. Así que este panorama de acoso y descrédito de la mayoría por la minoría sólo se explica porque ese teórico equilibrio oficial no es tal. "Aquí vivimos todos con un bilingüismo y una cohabitación razonablemente bien, sabiendo que iba ganando el castellano y en retroceso el gallego", dijo Pachi Vázquez en este periódico, de forma tan expresiva como semánticamente ambigua (el "razonablemente bien" ¿es complemento circunstancial de la primera frase, de la segunda, o de ambas?). O como aclaró Gloria Lago en otro, los militantes del castellano soportaban la legislación teóricamente equilibradora en la enseñanza porque no se aplicaba, hasta que se intentó hacerlo. Es decir, el derecho está ahí, y lo que ha hecho Feijóo ha sido recordar de nuevo que pretender ejercerlo puede tener consecuencias.
(deixareivos uns segundos para que vos repoñades do susto....)......, ......., ......, ameaza con deixarnos sen vacacións ante unha posible saturación dos servizos médicos a partir do mes que vén.
O certo é que, por chorrada que sexa a enfermidade (que o é, cando menos de momento), ter, ténnos acojonados. Somos conscientes de que calquera persoa con síntomas gripais se achegará a Urxencias, como xa está a pasar, por medo ao que poida ocorrer o seu futuro vital. Non se está traballando de xeito serio na creación dun filtro en centros de saúde, e somo nós os que temos de dar a cara, e quedar como bordes intolerantes cando lles dicimos aos doentes aquelo de "isto non é unha urxencia, para isto hai que ir ao Médico de Cabeceira...". Imaxino que non é suficiente coa continua ameaza de "como á miña avoa lle pase algo na casa, vaste acordar de min", ou con algunha agresión que outra, vamos, o pan de cada día.
O virus non mutou aínda, é probable que o faga, e entón non se sabe moi ben o que pasará (o máis probable é que siga sen ser especialmente letal). Pero como isto chegou en verán, fóra do curso político e de novas sen sentido (o paraíso para informativos como os de Telecinco ou LaSexta, vamos) os minutos de televisión que aportou son impagables. Se a iso lle unes o pouco interese de empresas farmacéuticas en que a bola de neve non medre, xa está todo listo para unha alarma mundial.
Se as estimacións son certas, pasarán (ou pasaremos, probablemente) a gripe A arredor de 400.000 galegos, e preto de 6.000.000 de españois. Unha burrada, vamos. Se o nivel de mortandade se mantén (de momento 25 mortos por 80.000 afectados) falecerán arredor de 2000 persoas, traducido, unha décima parte -nin sequera- das que morren anualmente pola gripe "vulgar".
Así que salvo que teñades unha enfermidade pulmonar, sexades diabéticos, ou usedes a talla XXXL, por favor, paracetamol, moito líquido, e a pasala na casa...