







7.- El Profeta, de Jacques Audiard




Chegou o momento máis importante da tempada. E a un dálle algo de medo o que pode facer o moreniño cando está motivado e a tempada vive os seus primeiros partidos (a pesar da súa desastrosa actuación en San Siro).
Aínda que o partido de hoxe voltará buscar o morbo do Ibra vs. Eto'o, a importancia é tal, que xa non quedan moitas gañas de caralladas desas. Calquera dos seareiros de ambos equipos firmaría que o seu ex metese un hat-trick e o seu novo dianteiro fixese un partido de merda, se iso serve para gañar (a min poñédeme o contrado diante e non o penso...).
O conto é que un equipo de Mourinho que sae a buscar o empate (como farán hoxe) dá medo, porque case sempre o consigue. Probablemente a base de patadas e xogo sucio, algo habitual nas prácticas do portugués, pero que se escuda na efectividade (sempre me deu noxo a excusa de xogamos como o cú, pero vamos primeiros). Mata o fútbol. Benítez está avalado polos resultados co Liverpool, pero eu son incapaz de ver un partido seu do tirón...
Pois iso, pillade unhas birras, unhas pataquiñas, e desfrutade co entretemento dos pobres (de cartos e de espírito), non todo vai ser gafapastismo na vida. Hoxe hai día grande...


Ashes of time redux, del chino Wong Kar-Wai, marcaba el inicio de mi Cineuropa particular, y lo hizo con un sabor un tanto agridulce.
Comencemos por el final, en una puntuación del 1 al 5, en el que se fuesen sucediendo los típicos "menudo bodrio - se deja ver - interesante - coño, esta es muy buena - menuda obra maestra", la última película del director de My blueberry nights, coquetearía entre el dos y el tres, más cerca del primero.
Y es que en los 15 años que la mayoría del metraje de Ashes of time redux se a pasado pochando en una estantería (que uno consulta internet para saber estas cosas), parece que hasta el propio Kar-Wai se ha desubicado, y se ha quedado a medio camino entre un prólogo de Fallen angels y un epílogo de la propia My blueberry nights.
Lo peor de la película discurre en su primera media hora, donde los personajes se definen de una forma un tanto caótica, bien porque el autor (también guionista) no consigue explicarnos lo que pretende, bien porque los chinos son todos iguales, y, para más inri, algún actor duplica personaje. Desde luego, no nos pusieron las cosas fáciles al público occidental.
Por el medio desfilan varios personajes que cuentan sus historias de tragedia y desamor al ya fallecido Leslie Cheung (espero que en este caso la red no me haya contado un bulo, y el tío la haya palmado de verdad), que interpreta a algo así como lo
que sería un manager de sicarios visto en nuestra sociedad. Alguien tiene una cuenta pendiente, lo busca, y éste se encarga de encontrar un espadachín que se tome la justicia por su mano, y salde dicha cuenta. El hijo que toda madre quisiera, vamos. El caso es que con el paso de las escenas, con incontables luchas de sables, mujeres bipolares y, démosle flores, imágenes de una belleza sobresaliente, Kar-Wai se consigue centrar y contarnos finalmente aquello que tenía planeado, de forma en que, amigos, hasta hemos conseguido entenderlo. Y nos ha hecho pasar el rato.
Llega la pregunta que todos esperábais... ¿se la recomendaríais a un amigo?. Pues, hijos míos, mejor nos vamos de cañas...